En aquella venta de carretera hubo una época más
feliz, un tiempo en el que los coches pugnaban por el estrecho aparcamiento que
dejaba un cliente cualquiera que, satisfecho, se marchaba tras saborear los
mejores caracoles de la comarca.
Todo cambió hacía tiempo, al compás de las
ayudas de la unión europea, que boicotearon la ruta a la “venta” financiando la
nueva circunvalación.
Como los caballos de los cowboys en la puerta
del saloom, se alineaban las motocicletas ante la fachada decrépita de aquella
venta olvidada. Gracias a las itinerarios retorcidas de sus alrededores aun quedaban
quienes quisieran saborear los caracoles y cabrillas* que allí cocinaban con
cierta eficiencia.

Entre una Kawasaki z750R y una Honda Deuville se
escabulló un niño huyendo de un señor que invocando al infierno le lanzaba una
pedrada y le exigía al pequeño descalzo, despeinado y sucio, que depusiese su
tirachinas y se entregase en rendición para ser juzgado por el asesinato de una
de las gallinas que se criaban en un corral anexo a la “venta”. La hábil
escaramuza del infante le salvó de las garras del justiciero avícola, quien
momentos antes había desintegrado el proyectil sobre el depósito de una enorme
y equipada Honda Goldwing 1800. El justiciero se apresuró a retirar los restos
del terrón para intentar que pasara desapercibida la lasca de pintura que la
Honda perdió en el impacto.
Para desgracia del “avicultor” ultrajado,
Manolito presencio la escena mientras aparcaba su moto. Entró en la venta y
preguntó por el dueño de la Goldwing:
-. “¿Quién
es el dueño de la Honda Goldwing 1800 aparcada cerca del camino, que tiene
pisada con el top case un chaleco blanco?”
.- “Mario¡¡¡
te buscan”, dijo el dueño de la venta mientras retiraba los vasos y los
restos de un desayuno. Se apreciaba que la moto era conocida en el
establecimiento.
Manolito pidió su desayuno y curioseó en el
expositor de cd`s; “Camela”, “Las Gemelas Fantásticas”, “Arévalo canta” y otros
títulos carcomidos por el sol hicieron viajar su mente a parajes de acordes pueriles
compuestos con un órgano “Casio VL Tone”.
Mario apareció, salía del retrete subiendo su
bragueta, .-¿Qué pasa? Preguntó en un
castellano con acento bonaerense….
.- “Que te
has dejado el chaleco cogido con la maleta”, le replica el dueño.
.- “Me
cago en Dios” exclamó el tal Mario mientras corría hacia la moto con una
agilidad impropia de un hombre de su edad.
.- “que
no, que le han dado una pedrada a tu moto” intervino Manolito al objeto de
que aquel señor no esprintase por culpa de un chalequillo mal guardado. De nada
sirvió, el vejete salió en dirección de la Goldwing como una exhalación,
parecía no haberse enterado. Vestía un pantalón de cuero negro con chalequillo
ataviado con decenas de parches, en los que se apreciaban banderas
confederadas, diferentes tipos de cruces y algún que otra ñapa de mensajes
diabólicos.
De vuelta, Mario agradeció la advertencia a
Manolito y mientras este le explicaba que pretendía decirle que le habían
arañado la pintura de la moto, irrumpió el cuidador de gallinas recriminando a
nuestro héroe que fuese un soplón y un chivato y añadió… -. “Francisco que yo no tengo nada que ver”.
.-Francisco?,
no se llamaba usted Mario?,
.-Si hijo
mío, no me conoces?, menudo cristiano que estás hecho¡ santísima madre de Dios…
a donde vamos a llegar?. Soy Jorge Mario Bergolio, el Papa 266º, el mismísimo
Papa Francisco.
.- Eminencia,
Eminencia, intentando combinar palabras se esforzaba Manolito… es que te pareces al monje de la etiqueta en
la cerveza franciscana, y eso me había desorientado.
Pues señor Papa, ese caballero
de antes le ha dado una pedrada a su moto y la ha abollado.
.- Hijo
mío, hijo mío eso no tiene importancia, tengo un puñado de motos en
Castelgandolfo, lo importante es que no se me ha perdido la Mitra y el simar,
si no a ver cómo le digo yo al cabrón del camarlengo que se me ha perdido otra
vez la ropa de Papa…¡
.- Señor
Papa? Y que es lo que hace un tipo como tú en un lugar como este?
.- Trabajar,
bueno aquí vengo a comer una tapita de caracoles, pero no creas que no tengo
trabajo. Cojo la moto y cada vez que veo un ramo de flores, un frenazo
prolongado, un coche boca abajo…. Saco la pierna y “ala”, santiguado.
Así fueron cogiendo confianza los dos
moteros….., que si te costó mucho la “fumata blanca”, que tipo de secretos hay
en los archivos vaticanos, cuánto dinero hay en la caja vaticana, si son
ciertas las habladurías sobre las correrías entre los curas y las monjas….. que
si existe Dios y el Diablo. Así hasta que Francisco, entre “ja y ja” apremió a Manolito….
.- Corta
el rollo, ponte ahí… le hizo la señal de la cruz le roció un poquito de agua y gritó .-ALA…¡¡¡, boludo, corre con la concha de tu
madre que ya vas bendecido… y no le digas a nadie que me has visto….cabrón¡